No hay mayor acto de rebeldía que el pensamiento independiente.
martes, 14 de octubre de 2014
Publicado por
Alejandra Vietri
en
11:11
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Luciérnagas
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El trébol
Escucho el llanto y
por eso sé que ella pronto se va a acercar. Entra en la habitación. Es bonita,
a pesar de que tiene ojeras como si se las hubiera remarcado con corcho quemado
y se observa un crecimiento leve del vello sobre los labios. Todavía usa la
ropa de ayer porque seguramente otra vez se quedó dormida en el sillón.
La ventana
principal de la habitación está entreabierta y un halo de luz refleja los
lunares de la cortina sobre la pared opuesta, y deja pasar una brisa leve, de
temperatura perfecta. La ventana da a un balcón bastante amplio, y una escalera
desde el balcón permite bajar al jardín, un parque de importante dimensiones en
medio del barrio privado Solar de Bahía. Sobre la cuna, hay un móvil con
animales de colores y la música del móvil, suave, tímida, tiñe el aire de vida
nueva.
Se inclina sobre la
cuna. Alza a al bebé y es como si pudiera oler la piel frágil y de recién
nacido. Sonríe y siento envidia. El calor de la piel de un bebé tiene el mismo
pulso de vida que el vigoroso golpe de un latido. Puedo ver como ella lo
siente. Quisiera poder sentirlo yo también.
El bebé se duerme. Antes
de salir de la habitación, ella se mira al espejo, como tratando de
reconstruirse después del parto. La puerta queda entreabierta y una franja de
luz ilumina la cuna. Puedo ver la absoluta paz con la que duerme, me da envidia
ese aspecto de la vida.
Pasa el tiempo. A
mí me importa poco. Pero entiendo su desesperación. Debe ser muy difícil vivir
con la certeza de la muerte, pero es el precio que pagan por vivir y en esa
ecuación dudo que yo tenga alguna ventaja.
Siento un ruido y
veo que detrás de la cortina ella está escondida. Tiene puesto un camisón
transparente que deja traslucir sus pezones firmes y la cabellera larga y
enmarañada.
Escucho la voz de
él, que no me cae bien, diciendo: Mi amor, no te preocupes, esta vez voy yo.
Por supuesto. Se va
a encargar porque no quiere que su mujer vea a la otra, a la que está escondida
atrás de la cortina. Entra dormido a la habitación, mira al bebé, activa
nuevamente la música del móvil y después se acerca hasta la ventana y lame los
pezones de la otra mientras la manosea. Ella ríe levemente y le dice que va a
salir por la ventana en un rato, pero que antes, y para decirle esto se inclina
y pega los labios sobre el lóbulo de su oreja, quiere que lo hagan en el
balcón, que tiene ganas de sentirlo en el balcón.
Salen al balcón y
ya no puedo verlos.
A la media hora, lo
veo volver y salir de la habitación hacia el baño. El bebé empieza a llorar.
Ella entra esta vez y lo alza. Se sienta frente a la ventana. Le da el pecho al
tiempo que le canta con dulzura. Después de hacerle provechito, lo posiciona de
nuevo en su cuna y vuelve a su habitación.
La otra, que pensé
que se había ido, entra a la habitación y alza al bebé ¡cuánto cinismo! Lo
acerca a sus pechos turgentes y le pasa los labios por la frente. Sus ojos
tienen un brillo muy particular, que no logro interpretar en su totalidad. Se
queda unos veinte minutos, y vuelve a salir al balcón.
La mujer puede
entrar y salir a su entero gusto por la escalera del balcón: la casa no tiene
rejas porque el barrio privado es lo suficientemente seguro para permitir que
todos vivan en paz.Se mudaron al country hace seis años ya, cuando ella heredó
una importante cadena de jugueterías. Cuando se conocieron, él hacía muebles y
en su tiempo libre, esculturas. Por eso, en el jardín hay estatuas blancas,
ubicadas espaciadamente. A diferencia de ella, venía de una familia de clase
media baja y su matrimonio había sido su manera de sacarse la lotería.
Ahora son las 5 am
y el bebé vuelve a llorar.
¿Podrías ir vos de
nuevo, amor? Estoy muy cansada, no me siento bien.
Si, hermosa.
Escucho el beso que le dio, seguramente en la frente.
Entra él en la
habitación en penumbras. El bebé no para de llorar y entonces él me agarra y me
coloca en la cuna, al lado del bebé. Sin esperar siquiera que deje de llorar,
sale de la habitación.
Yo tengo un tamaño
muy grande en comparación al bebé y por estar mal posicionado, no puedo evitar
que la inercia me incline sobre el bebé. Una de mis patas de peluche queda
justo sobre la nariz y la boca del bebé. Me doy cuenta que si no me corro se va
a ahogar, pero no tengo forma de moverme. Veo como el bebé empieza a tener
dificultades para respirar. Quisiera gritar para alertarlos, quisiera que el
bebé llorara con todas sus fuerzas para que entren. No puedo hacer mucho.
El bebé comienza a
ponerse azul. Los latidos del corazón batean. Su piel blanca empieza a teñirse
de azul, como el agua de un cuenco al agregarle unas pocas gotas de tinta.
En ese momento,
entra ella del balcón, que había estado viendo toda la situación. Alza el bebé,
lo besa.
Veo como le cae una
lágrima.
Me agarra y me
lleva con ella.
Publicado por
Alejandra Vietri
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11:09
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Luciérnagas
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