Las decisiones son mujeres. Mujeres borrachas de celos que compiten entre sí. Una viste la gala de la novedad y llama, susurra. La otra camina en el tempo cotidiano y nos mira con ojos cotidianos y nos llama con voz cotidiana y tiene rasgos de familia.
Interrumpe la otra, bailando árabe.
Hacen malabares intentando opacarse entre sí, piden nuestra atención a gritos.
Ambas son bellas, ambas.
Pero con ninguna de las dos puedo adivinarme el porvenir: Elegir es un juego de ciegos.
