
-Rubia, estás sola...?_ dijo el cuarentón con tono de conquista, pero sin la mínima esperanza de provocar más que una mirada de desdén. La Rubia le clavó lo ojazos azul hielo.
_Muy. Sentate conmigo, dijo con tono seco.
El cuarentón que ya estaba por seguir de largo, la miró anonadado.
_No es sarcasmo, no? Me siento?
_Si
El bar estaba repleto. Una capa de humo operaba como velo entre los desconocidos. El color de los tragos y las luces se entremezclaban. Sonaba una musica pegadiza en un tono tan fuerte que aturdía.
La Rubia no tenía másde 23. Sacudió los hielos en el vaso de whisky, que giraron como un torbelino y apuró el trago entero. Corrió la silla hasta estar al lado del cuarentón y le susurró al oído:
_Me aburro si no me das un beso...
El cuarentón estaba tenso. ¿Era posible que semejate mocosa lo estuviese haciendo sentir incómdo a él?
_Epa..!_ atinó a decir. Y se sintió bastante torpe.
Los ojos polares de La Ruia lo atravesaron.
_¿Cuál era tu idea? Jugar a las cartas?, dijo fastidiada.
Tomó el otro vaso. Lo bebió con ímpetu. Se acercó al cuarentón y le mordisquió la oreja. Cruzó sus dos piernas largas, acariciándose con la yema de los dedos. Se despendió el primer botón de la blusa.
_Vamos??, dijo con soltura.
Las ganas de llevarse ese cuerpo dorado a la cama lo traicionaban, pero algo en la situación le resultaba inverosímil ¿En qué instinctos confiar...?
_Muy. Sentate conmigo, dijo con tono seco.
El cuarentón que ya estaba por seguir de largo, la miró anonadado.
_No es sarcasmo, no? Me siento?
_Si
El bar estaba repleto. Una capa de humo operaba como velo entre los desconocidos. El color de los tragos y las luces se entremezclaban. Sonaba una musica pegadiza en un tono tan fuerte que aturdía.
La Rubia no tenía másde 23. Sacudió los hielos en el vaso de whisky, que giraron como un torbelino y apuró el trago entero. Corrió la silla hasta estar al lado del cuarentón y le susurró al oído:
_Me aburro si no me das un beso...
El cuarentón estaba tenso. ¿Era posible que semejate mocosa lo estuviese haciendo sentir incómdo a él?
_Epa..!_ atinó a decir. Y se sintió bastante torpe.
Los ojos polares de La Ruia lo atravesaron.
_¿Cuál era tu idea? Jugar a las cartas?, dijo fastidiada.
Tomó el otro vaso. Lo bebió con ímpetu. Se acercó al cuarentón y le mordisquió la oreja. Cruzó sus dos piernas largas, acariciándose con la yema de los dedos. Se despendió el primer botón de la blusa.
_Vamos??, dijo con soltura.
Las ganas de llevarse ese cuerpo dorado a la cama lo traicionaban, pero algo en la situación le resultaba inverosímil ¿En qué instinctos confiar...?
_Vamos, dijo finalmente.
Un hilito de sangre se asomó de la nariz, semejando el contraste entre las frutillas y la crema, pero de sabor amargo.
Las manos le empezaron a temblar. Se tomó fuerte del pecho y se desplumó en el piso. El ruido y la multitud cubrieron la situación como la arena cubre los pisos.
El cuarentón pensó en ayudarla. Y después pensó en que no quería líos con mocosas.
Se fue del bar.








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