No hay mayor acto de rebeldía que el pensamiento independiente.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Una carta sobre el amor

Empiezo por decirte que


de vos, me gusta tu incapacidad de decir: te quiero. Como si tuvieran que extirpártelo de la garganta con un bisturí.

No me digas: hablemos. Detesto con las vísceras los remolinos cíclicos de retórica barata que buscan resolver cuestiones que solo dependen de los actos y no de enunciados.

Será que prefiero entenderte en la magnitud de lo cotidiano y no encapsulado en el lenguaje.

Por favor no me hables como si fueras mi papá, ya sé que no lo hago todo bien y por sobre todo, no me pienses perfecta, hace rato ya que abandoné ese vicio.

Entendé al drogadicto, es como si me hornearas chipá y me pidieras que no lo pruebe, y me preparas mate, bueno, esa es mi droga, tu compañía.

Paso a paso, a la par, lado a lado, pero no esclavos.

No me pidas todas mis horas, no me exijas todos los cuentos.
No me des todo.

De vos solo quiero la complicidad, el saberte a mi lado, el pelearla juntos, el consejo en medio de la tempestad, pero te quiero libre, te quiero en moto recorriendo el norte, mientras yo en un barco helado me paseo por el Sur.

Te quiero, pero para mi el amor es la exacerbación de la libertad, porque celebra la individualidad y no busca que la pareja sea una cárcel, como exige el amor mediocre.

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