Escribo para aquellos que se tomaron muy en serio el individualismo exacerbado del tan bien ponderado burgués, Sr. Sartre, y por eso son capaces de armar estrategias especulativas con tal de sacarle el asiento en el tren a los demás y de algún modo esa mezquindad espiritual queda intelectualmente justificada, o a esos otros que nunca superaron la fase estética de Kierkegaard y entonces la autenticidad en los vínculos amorosos les resulta tediosa y prefieren armar personajes ficticios que son mucho más funcionales al fin -placer que la búsqueda de un vínculo, que da trabajo, como todo lo auténtico. O para aquellos a los que el relativismo se les subió a la cabeza y se creen que todo da lo mismo, que todo es arte, que cualquier persona está bien, que cualquier trabajo a la larga nos va a cansar y que por eso da lo mismo trabajar de cualquier cosa. O a los que ahora defienden las reivindicaciones de las clases más pobres o marginadas a la par del discurso oficialista, como si las reivindicaciones de esas minorías fueran una novedad y estuviesen defendiendo una especie de antítesis hegeliana: paren un poco che! Que el mundo divido en antagónicos buenos y malos es cosa de película de Disney ya no hay ni muro de Berlín ni cortina de hierro…
Me irritan los hipócritas que se viven delatando porque el discurso se les derrite como en La Persistencia de la Memoria de Dalí ante los actos, que los convierten en sátiras de sí mismos. Me deprimen los exhibicionistas que por alguna especie de mecanismo fallido de la estima necesitan exhibirlo todo y se nutren succionando halagos de los “coros condescendientes” que en su rol de perritos falderos revolean las palmas para acariciar a los carentes.
Me molesta el falso saludo, a eso prefiero la ignorada magistral de los honestos.
Me exaspera el uso a mansalva de la victimización de todos los que están en alguna situación de desventaja, como puente de justificación de una especie de destino estructural, porque en esas lecturas anulan la acción individual para hacerles una especie de upa lastimera. Aquellos que se la pasan regocijándose en la comida como si fuera el único placer en la vida y lo tratan con la misma deferencia que al Papa (y ese no se come) y escriben algo como: las tres cosas felices de mi día, comer asadito, merendar brownies con dulce de leche y crema y cenar en Tenedor Libre. Después, tampoco tolero a los opinólogos cuya opinión "formada" consiste en algo así como el repertorio de lo que juntaron del canal de chimento y de la actitud de desconfiados que siempre queda inteligente: "Ja¿Vos te creés que estos no roban? Hay gato encerrado...Estos que vayan a laburar ¿Vos viste lo que se puso?" y así en una infinita concatenación de ideas contradictorias que la lógica pulverizaría, de aplicarla en alguna ocasión...Habría que hacer una campaña de concientización, para que todos sepan que rige la libertad suprema para el uso de la lógica, y agregar que formar opiniones es un trabajo intelectual y no se compran en el mercado mientras nos quejamos de la inflación y de la calor que hace, pucha.
Pero sobre todo, me irritan las intolerantes como yo....
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