Confieso que a quien más creí conocer más he visto ser variados seres.
De pronto, y sin aviso, lo observé transformarse, transmutarse, transfigurarse
de formas tan variadas, de un modo tan abrupto...
De pronto no era el primer él, sino otro él tan diferente que el cambio era impactante, como si una flor pudiera convertirse en un clavo incrustado contra un ojo muerto y en el mismisimo grito de dolor ocupando todos los espacios.
tuve que admitir, con la fe enterrada en una lúgubre hondonada, que pasé toda la vida al lado de un
completo desconocido.
El otro es un abismo inasible.
El otro es una cortina de niebla transitando senderos internos que nos son ajenos.
El otro, un estratega, que se llena de armas, silente, preparandote una derrota y un abandono.
El otro, ese ser para reposar el alma entera, no es más que un espejismo traidor.
la vida es constante cambio, no hay raices en el aire, el otro es otro y es mutante y es viento y es aleatorio.
De nuevo, somos siempre solos frente a todo y mejor nos empezamos a hacer fuertes.