No hay mayor acto de rebeldía que el pensamiento independiente.

miércoles, 13 de abril de 2011

Contínuo de Senderos

Es de noche.
Se abriga apretujando el sobretodo contra su cuerpo. Camina a un paso rápido. La llovizna la hace fruncir la nariz.  Al tiempo que camina, se desdibuja en un centenar de ella-mismas, como si su imagen estuviese expuesta a un salón de espejos que la reproduce infinitamente. Es ella varias veces ella, años atrás, recorriendo el mismo camino a casa.  A veces a pasos cortos, cruzando la esquina de Larumbe y Tucumán y saludando a Rafaela, que atiende la verdulería hace años. Hoy también la saluda, despúes de todo es casi parte del paisaje.
A veces con pasos nerviosos, ansiosa por llegar a casa a prepararse para ir a lo de su mejor amiga.

Ella, que pasea a su perro, riendo. Que pasa rápido en su bicicleta rosa. Que compra el pan por primera vez. Que cruza la calle sola...
Que aprobó su primer parcial. Que salió sin permiso. Que se besó con un chico bajo el árbol de cerezos de la cuadra anterior.
Que volvía comiendo un rico helado. Escuchando rock. Soñando despierta. Leyendo al caminar, ansiosa, triste, riendo a carcajadas, con las bolsas de las compras, con regalos para la familia, con angustias, con ropa nueva, avergonzada por alguna mirada incómoda, a merendar con amigas en casa, a estudiar.
Todo eso esta ahi, grabado, adherido, aferrado a esa vereda. En esas baldosas. A las que desesperadamente le gustaría poder conservar, unir, pero se le desbaratan, se le desordenan, en la ferocidad de la tormenta....es inútil, inútil desesperarse... todas sus imagenes ahi talladas ya no le pertenecen.

Son del tiempo que se lo devora todo, del tiempo que devasta y derrota. De ese enemigo implacable y odioso que vence sin esfuerzo.

Que traiciona la vanidad toda. Ridícula vanidad: se va de a poco la vista, envuelta en la tormenta de imagenes, que no quieren quedarse, se va la melena negra, se va la piel suave, se van los músculos flexibles y el cuerpo que rebalsa de energía, el ojo de la tormenta, la lluvia, la tarde gris, lava todo y se lo lleva con una naturalidad que llena de impotencia.  Raguña las imagenes, las muerde, se llena de amargura. Desespera. Quiere gritar pero todo su interior está inundado. todo se va, había pocas verdades como esa.

Los treinta no estaban lejos y las lágrimas llegaban más rápido a los ojos. Y ella lo juraba: ese perro que pasó era su perro. Esa nena que patina en la vereda, es ella.

Sin embargo, hacía rato que era hora de partir. Y esa cuadra, ya no le pertenecía.

1 comentario:

macs dijo...

"El tiempo, el implacable, el que pasó
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
cuando se han hecho cosas sin querer.

En este breve ciclo en que pasamos
cada paso se dá porque se sienta.
Al hacer un recuento ya nos vamos
y la vida pasó sin darnos cuenta".

(Pablo Milanés)

El tiempo...el implacable...hay que subirse a él..a la vida y disfrutarla a cada momento con todo lo que trae aparejado...Es simple?? es lo que hay y vale la pena. Quizás no sea conmovedor su relato Vietri...pero me gusto.

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