"... Adán reconoció la voz amarga de doña Francisca, su patrona, que hostilizando al verdulero Ali cacareaba reproches, gruñía ofertas y eructaba desdenes. "Noventa y dos quilos de grasa beligerante", pensó Adan, evocando las tetas montañosas de su huésped; luego imaginó la figura estática de Alí que junto a su carrito la estaría escuchando sin oirla, tal vez absorto en un recuerdo de pacientes mercados orientales. Y al decirse que aquella escena era la misma de ayer y exactamente la de mañana, sintió el frío de una realidad sin vuelo que se daba todos los días, invetable y monótona como el giro de un reloj".
La prosa de Marechal es como un hilo ininterrumpido, pareciera que cada oración es lo que lógica y necesariamente debiera seguir... Utiliza combinaciones de una originalidad que merece ser destacada. Escapa de los lugares comunes y su gramática tiene un ritmo admirable.
¿Cuántas veces nos abruma el deja vú del todo?
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