No hay mayor acto de rebeldía que el pensamiento independiente.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Cuando No..

Que se yo, [S/D -An], que se yo, si a este juego ya entramos perdiendo los dos, mi amor. Siempre pasa igual. Aparecemos mutuamente en la vida del otro, como si estuviéramos hechos de viento, y nos cruzaramos por alguna causalidad que no me explico, y al cruzarnos, como siempre, como cada vez, nos vemos envueltos en un viento huracanado, en la suma de mi viento y el tuyo y nuestra tormenta. Entonces empieza la espiral autodestructiva, ya lo sabemos. Es ese amor que está enfermo, con esa enfermedad de lo necesario, con esa enfermedad de la elección empecinada de vos, de saber que el momento vivido juntos vale cualquier forrada que después nos juega la puta suerte. Es así, nos enfermamos del otro porque es imposible soportar tanto amor sin que duela, sin que nos conmueva hasta las ganas del llanto.

Y la historia se repite y por eso digo que giramos.
Que siempre el encuentro entre vos y yo tiene mucho de vértigo: darnos la mano es estar frente a un abismo que nos alivia a gritos sordos,  un poco de aliento.

Y pasó como pasa tantas veces. Te ví y claro, cuando me clavaste esos ojazos negros que tienen una profundidad de cueva abandonada, la vida, esas láminas que se pasan en una diapositiva, y que al iluminarse crean realidad, se mueven y se desmoronan, como lo que son: una farsa. La vida previa, digo, se desactiva con la misma facilidad con la que en un proyector se cambia de imagen y de panorama, con un simple click. Ese escenario de tu ausencia, tan falso y yo que me miento con ganas, ante el click de tus ojos, tira, vuela, revuela, todo.
Sos hermoso, hijo de puta! Siempre pienso que la belleza que mis ojos ven en vos debe tener algún vudú, algún maleficio, para que la forma de tu cara, para que tus facciones me broten del corazón y me lo agrieten como raíces devastando un campo de olvidos. Endiabladamente lindo, lindo en el sentido de que no puedo resistir el deseo como quebrando la represa de la distancia entre los dos, como que si estás cerca, necesito masticarte a besos, poseerte en una cama con ademán violento y pasional.

La vida se mete como en un embudo, la realidad filtrada y apretujada en un embudo, arrasada por tu presencia en mis días. Me quedo siempre como si me hubieran extirpado un órgano, con ese dolor en el cuerpo cuando es truncado, así es la vigilia de tu ausencia.

Y juntos es destruirnos de amor.
Es destruirnos a psicopateadas, por la enfermedad que nos causa lo que somos vos y yo juntos. Tus palabras se me hunden como latigazos, como laceraciones y moretones .
Y esta noche pienso en vos y en la vida que no tuvimos juntos.
Y lloro.
¿la tendremos?

Esa carita que ponés, cerrando uno de tus ojos, esbozando una sonrisa, actuando con simpatía, al momento que levantas  la cabeza, en dos tiempos y hacia un lado, y el otro y vuelta al lado anterior, y en sentido ascendente...
No sé si un bisturí me dejará extirparte de mí.
Me desespero por vos. Me enfermo cuando te tengo, y no.
Pero , como dije, llegamos perdiendo, mi amor. 

All Part and Parcel of a Job

We drove all our way to the shanty town. The poor hut was situated by the brownish streamlet and the house number was written over an irregular piece of metal sheet with black paint. The whole of the house was surrounded by grass and black dogs. In fact, one of the dogs was brown and blind. Its left eye was white.I was wearing a seducing suit which consisted of a tight black skirt, red high heels and a transparent white shirt. Long black hair, extra large eyelashes and the rehearsed smile.My partner wore an Armani Suit. And black glasses. We were both holding black briefcases and as he parked the car and I got off the vehicle everyone in the place had their eyes stuck on us.


The walls of the house were sort of a handmade disaster: they did not have, definitely, the value of handmade stuff but of poverty. 

The guy was lying on bed. He could not move. By the bed, there was a hole on the wall with the intent of becoming someday, maybe, a dignifying window.
The sister started talking, and we heard it all: the day of the accident, the shock of the news, how her father had become blind out of the shock, the sensation of being suspended in space and the blood flowing out of his leg as a cascade.
We had it all rehearsed. The expression of compassion carefully studied to create a sense of trust. The expression of concern in our eyes about the guys future…(When had I become such a bastard, I couldn´t tell…).
Listen, I said, and I paused. I looked at my partner who was still wearing his black sunglasses and had an indifferent face and stood far from bed in an indifferent manner, as trying not to pollute his Armani with all that filth and poverty. God Girl, Bad Guy stuff.
He knew exactly where I was going and said: Please, Isabella, you know the company will not pay that much, do not try to phone them for extra money or we will be in trouble again.
Oh, please Derek, don´t be such a bastard, this guy deserves it, he had a really bad time. I will phone.
Then, I smiled stabbing my black eyes into his and said: I will make the call, for you, joining my lips in a sort of kiss as I said “you”. He blushed. I thought: we are in.
Then I took my cell phone which actually looks more like a tablet and pretended a whole telephone conversation with the company making it clear that I was really fighting for the money of this guy. I was a fantastic actress. I could be in Hollywood.
Then, Derek looked at me with disapproval. I guess you did it again, you never learn we do not do charity. We are lawyers, goddammit.
Oh please, shut up.
Of course I leaned softly towards the earlobe of the guy lying in bed, full of plasters who had being through eight different operations so as not to lose his right leg and purred something like: I got you the five thousand. Now, will you please sign? I slid the Agreement My plunging neckline revealed a bait which called for a: “I will sign whatever you say”.

The guy was nervous, dubitative.

Again my black eyes right into his: Do you trust me? Believe me this is the best agreement you can get.

I put the pen in his hand.
He signs
My job is done.

I spend the night in my bathtube with a bottle of champagne, crying.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Una carta sobre el amor

Empiezo por decirte que


de vos, me gusta tu incapacidad de decir: te quiero. Como si tuvieran que extirpártelo de la garganta con un bisturí.

No me digas: hablemos. Detesto con las vísceras los remolinos cíclicos de retórica barata que buscan resolver cuestiones que solo dependen de los actos y no de enunciados.

Será que prefiero entenderte en la magnitud de lo cotidiano y no encapsulado en el lenguaje.

Por favor no me hables como si fueras mi papá, ya sé que no lo hago todo bien y por sobre todo, no me pienses perfecta, hace rato ya que abandoné ese vicio.

Entendé al drogadicto, es como si me hornearas chipá y me pidieras que no lo pruebe, y me preparas mate, bueno, esa es mi droga, tu compañía.

Paso a paso, a la par, lado a lado, pero no esclavos.

No me pidas todas mis horas, no me exijas todos los cuentos.
No me des todo.

De vos solo quiero la complicidad, el saberte a mi lado, el pelearla juntos, el consejo en medio de la tempestad, pero te quiero libre, te quiero en moto recorriendo el norte, mientras yo en un barco helado me paseo por el Sur.

Te quiero, pero para mi el amor es la exacerbación de la libertad, porque celebra la individualidad y no busca que la pareja sea una cárcel, como exige el amor mediocre.