Que se yo, [S/D -An], que se yo, si a este juego ya entramos perdiendo los dos, mi amor. Siempre pasa igual. Aparecemos mutuamente en la vida del otro, como si estuviéramos hechos de viento, y nos cruzaramos por alguna causalidad que no me explico, y al cruzarnos, como siempre, como cada vez, nos vemos envueltos en un viento huracanado, en la suma de mi viento y el tuyo y nuestra tormenta. Entonces empieza la espiral autodestructiva, ya lo sabemos. Es ese amor que está enfermo, con esa enfermedad de lo necesario, con esa enfermedad de la elección empecinada de vos, de saber que el momento vivido juntos vale cualquier forrada que después nos juega la puta suerte. Es así, nos enfermamos del otro porque es imposible soportar tanto amor sin que duela, sin que nos conmueva hasta las ganas del llanto.
Y la historia se repite y por eso digo que giramos.
Que siempre el encuentro entre vos y yo tiene mucho de vértigo: darnos la mano es estar frente a un abismo que nos alivia a gritos sordos, un poco de aliento.
Y pasó como pasa tantas veces. Te ví y claro, cuando me clavaste esos ojazos negros que tienen una profundidad de cueva abandonada, la vida, esas láminas que se pasan en una diapositiva, y que al iluminarse crean realidad, se mueven y se desmoronan, como lo que son: una farsa. La vida previa, digo, se desactiva con la misma facilidad con la que en un proyector se cambia de imagen y de panorama, con un simple click. Ese escenario de tu ausencia, tan falso y yo que me miento con ganas, ante el click de tus ojos, tira, vuela, revuela, todo.
Sos hermoso, hijo de puta! Siempre pienso que la belleza que mis ojos ven en vos debe tener algún vudú, algún maleficio, para que la forma de tu cara, para que tus facciones me broten del corazón y me lo agrieten como raíces devastando un campo de olvidos. Endiabladamente lindo, lindo en el sentido de que no puedo resistir el deseo como quebrando la represa de la distancia entre los dos, como que si estás cerca, necesito masticarte a besos, poseerte en una cama con ademán violento y pasional.
La vida se mete como en un embudo, la realidad filtrada y apretujada en un embudo, arrasada por tu presencia en mis días. Me quedo siempre como si me hubieran extirpado un órgano, con ese dolor en el cuerpo cuando es truncado, así es la vigilia de tu ausencia.
Y juntos es destruirnos de amor.
Es destruirnos a psicopateadas, por la enfermedad que nos causa lo que somos vos y yo juntos. Tus palabras se me hunden como latigazos, como laceraciones y moretones .
Y esta noche pienso en vos y en la vida que no tuvimos juntos.
Y lloro.
¿la tendremos?
Esa carita que ponés, cerrando uno de tus ojos, esbozando una sonrisa, actuando con simpatía, al momento que levantas la cabeza, en dos tiempos y hacia un lado, y el otro y vuelta al lado anterior, y en sentido ascendente...
No sé si un bisturí me dejará extirparte de mí.
Me desespero por vos. Me enfermo cuando te tengo, y no.
Pero , como dije, llegamos perdiendo, mi amor.


