No hay mayor acto de rebeldía que el pensamiento independiente.

lunes, 12 de mayo de 2014

Cosas que pasan -

Huye
No es casual que el piso del lugar sea de mármol, con ese aire de sacralizado, como el de las iglesias y cementerios, solemne, innecesariamente solemne y sacro. No es casual que yo estuviera dando una vuelta al salón, curiosa, y que el piano empezara a sonar de improvisto, con tonos graves y al levantar la vista se me apareciera la figura de una mujer con una capa negra y entonces me sobresaltara y a los pocos segundos recuperara la calma al darme cuenta que era solamente una estatua.
Enseguida salí de la exposición. Parada en la esquina de Roca y Piedras, me quedé mirando la nada, con una sensación horrible, como si ver esa estatua hubiera sido alguna especie de presagio oscuro. Adelante mío iba caminando una chica, de tapado rojo, arreglada y se tropezó. No pude evitar sonreírme ante su tropezón; siempre me simpatizaron las mujeres en tacos que se tropiezan. Es como que ese tropezón las vuelve a la normalidad, las humaniza, van caminando erguidas, elegantes, etéreas y el tropezón las acerca a la tierra, les devuelve esa especie de simpatía que pierde la mujer cuando quiere lucir ejecutiva.
A mi me pasa, cuando me tropiezo me acuerdo de que además de ser empleada en una multinacional, soy una persona, una pelotuda que se tropieza y que se puede reír de sí misma sin tener que estar siempre en pose profesional, hablando con léxico enrevesado y técnico e hilando estrategias al mejor estilo El Arte de la Guerra. Hay mujeres que tienen por libro preferido El Principito. El mío es El Arte de la Guerra, y no estoy muy segura de a qué viene esa diferenciación pero se me hace que es clave.
La cuestión es que tenía que apurarme. Eran ya las dos menos veinte. Le chiflé a un taxi, y aceleré el paso complicada por lo estrecho de la pollera y el alto de los zapatos. Puteé porque se me corrió la media de encaje al subir al taxi. Miré como tres veces el reloj como si por insistir la hora se fuera a modificar. Ironía al por mayor, en la radio Fito Páez me recordó que siempre se hace tarde en la ciudad. Abrí la cartera, ese universo paralelo que llevamos las mujeres a cuestas y poseedora de todas las soluciones y respuestas, y me pinté los labios y me tapé un poco las ojeras y me acomodé el esmalte de las uñas. El tachero me mira y me dice:
“No te hace falta tanto revoque, estás para el crimen” y se ríe, como aspirando la risa, cosa que siempre asocio con los cerdos o los pervertidos.
Le tiro mi sonrisa de asco y no hablo. Siempre que quiero dejarle a alguien bien en claro que su comentario me cayó mal, no hablo. Y funciona porque el silencio es más poderoso que la palabra. Me acordé justo de una charla de Violencia de género discursiva, una de las tantas charlas que usé para sumar puntos mientras estudiaba. La profesora había hecho un chiste sobre los taxistas: Podría usarlos de ejemplo en el 99% de los casos, salvo si su mujer está presente. Me había causado gracia, porque esa dualidad es típica en los hombres.
Ey, ¿por qué no agarraste por Libertador?
Mucho tránsito.
¿Es tráfico o tránsito? Siempre tuve esa duda. Sonó el celular. Un mail. Lo leí rápido y lo respondí. Cuando levanté la vista me di cuenta que no ubicaba el lugar en el que estábamos.
¿Estamos muy lejos? Estoy llegando tarde.
Me desvié por el tránsito, calculale unos veinte minutos, nena.
Algo en su tono de voz me disgustó. Me incomodó. La intuición nunca fue mi fuerte aunque digan que es propia de las mujeres, pero esta vez una alarma me recorrió en la forma de escalofrío.
¿Sabés qué? Dejame acá que me voy caminando.
Esperá un segundo que te alcanzo, ya llegamos.
Los nervios hicieron que la señal se me empezara a cortar, en el caso de las antenas es la distancia, pero en el caso de los humanos, las emociones son las que nos cortan la señal entre la razón y la acción y entonces mis pensamientos se volvieron entrecortados de los nervios, se iba perdiendo la señal y la capacidad de razonar, de tomar una determinación, se alejaba, porque por la ventana la zona se iba poniendo cada vez más fea, más remota, más peligrosa.
Traté de calmarme. Son ideas mías. Nada más. El tipo en ese momento frena a un lado. El corazón se me estaba por salir, pero me doy cuenta que frenó para esquivar un perro que se cruzó como estrella fugaz en el medio de la calle.
La puta que lo parió, casi choco.
Preventivamente, le saqué una foto al nombre del taxista que surgía de la placa de identificación que pegan en el respaldo de los asientos delanteros y que siempre me ocupé de mirar para reconocer al conductor en el de la foto, pero en ese momento se me ocurrió que era muy estúpido, porque aunque el certificado no estuviera falsificado, el riesgo que corría era el mismo. Igual saqué la foto y se la pasé por Whatsapp a mi mamá. Seguramente no iba a entender el mensaje, pero había un registro.
Volvió a arrancar el auto y me quedé más tranquila. En ese momento, al taxista le llega un mensaje. Frena el auto.
Disculpame, tengo que hacer una llamada, no te jode ¿no?
Me va a secuestrar. Esto es como escucho en las noticias. Termino en una red de trata. Me va a violar. Termino muerta en cualquier baldío. Se me ocurrió sacarme los zapatos. Los deslice despacio, sin moverme demasiado y me acerqué a la puerta. Para disimular, llamé por teléfono a mi novio, y empecé a hablarle en inglés para poder explicarle la situación. Tratá de tirarte y corré, dijo. Yo ya llamo a la policía y me voy con la camioneta para allá. Corté y me dije a mi misma: Vas a correr, vas a correr como nunca antes corriste en tu vida. Deslicé la traba del taxi y aprovechando un semáforo me bajé y empecé a correr.
Lo más rápido que me daban las piernas, gritando y pidiendo ayuda.
Lo último que escuche del taxista fue que me gritó: ¡Hija de puta! Te fuiste sin pagar.


viernes, 11 de abril de 2014

Un poema de Natalie Dzigciot que me gustó mucho:

 Entonces me emborraché y compré ropa
Cosas que solemos hacer cuando vacíos
Salí de un lugar lleno de música y humo y tragos de colores
Y empecé a ver pequeños signos de decadencia citadina

Un encargado se cortaba las uñas de los pies, en el escritorio del hall de entrada
Y el taxista me decía noseque y yo solo podía escuchar la música peruana que salía del estéreo
Me hacia pensar en cuanto extrañaría a su país
Y cuanto debía de odiarme en realidad
Me di cuenta que nos crían con una idea horrible, de ser víctimas de nuestros dominados
Y sentí tristeza
Pasé por un banco
Vi al fantasma de la empleada que trabajó 23 años de impoluta falda azul y camisa blanca
Parecía serena. La historia la juzga demasiado.
Su comida preferida era el pastel de papas. Lo cocinaba los jueves y lo llevaba los viernes en un tapercito blanco con tapa rosa. La hacía sentir en casa, con eso le alcanzaba. A mi no me alcanza con nada
Llegué con la extraña sensación de que el tiempo es demasiado
y puse un disco viejo
Recordé la charla de oficina: a los 16 era feliz porque ignoraba
Tuve hambre pero no comí nada
Lo único que me gusta de este vacío son mis costillas
E igual sigo siendo gorda en facebook

Desperté cómo un globo sin helio, sin forma
tirado en un garage de microcentro
Y me sentí una sombra
Todo se redujo a pensar que
Estoy adentro de un frasco de mermelada que no puedo abrir

jueves, 3 de abril de 2014

Diarios 1910-1923, Kafka.

" Al margen de mis relaciones familiares, yo no podría vivir de la literatura a causa de la larga gestación de mis trabajos y de su carácter insólito; además, mi salud y mi carácter me impiden asimismo entregarme a una vida que, en el mejor de los casos, sería incierta. Por ello soy funcionario de un organismo de seguros sociales. Pero resulta que estas dos profesiones nunca pueden tolerarse entre sí ni dar lugar a una feliz convivencia. La mejor suerte en una de ellas viene a convertirse en una gran desgracia en la otra. Si una noche he escrito algo bueno, lo quemo al día siguiente en la oficina y no puedo acabar nada. Este ir y venir es cada vez más desagradable. En la oficina cumplo con mis obligaciones externas, pero no con mis obligaciones internas, y toda obligación interna no cumplida se convierte en una desdicha que ya no se aparta de mí (...) he venido doctor a preguntárselo, porque presiento que si ud me considera capaz de ello, puedo realmente intentar la empresa."
Un ingeniero:

(…) y entonces, todos estamos hechos de polvo de estrella

La explicación no la escuché,
Pero me quedé con toda esa poesía.

Era mejor que pensarme con esa `nomenclatura de libro de medicina
o con el paisaje de la carnicería que muestra un poco el adentro.

Era mejor que saberme tan falible.

Porque a la muerte no la asumimos nunca.
La negamos hasta muertos y callados.
Calados.
Por la herida de finitud.

Nos revolcamos en la negación y en muchas camas,
Sintiéndonos polvo.
Al diablo con la carne.
Que vaya para los lobos.
Pero no dejo de pensar en el polvo.
Y de volarme.

martes, 28 de enero de 2014

Búsqueda de poesía en canciones

"Sigo cargando el desencanto de querer volar muy alto 
sólo tus ojos le dan sentido al peligro de estar vivo
“´Tu y yo, tu y yo y una vida por delante…”
“Búsquenme a orillas del mar besando la espuma y la sal. Búsquenme, me encontrarán en el país de la libertad.”
“Si pudiera mataría por cinco minutos más”
“Si alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado algunas veces más de lo que doy (…) en tiempos tan oscuros nacen falsos profetas y muchas golondrinas huyen de la ciudad, el asesino sabe más de amor del poeta y el cielo cada vez está más lejos del mar. Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción”:
“Me enamoro de todo, me conformo con nada…”
“que disparate de partida de ajedrez con una parte adicta al jaque mate”
“un par de culos va a patear de los que le juran más lealtad y llorará en su corazón como un Nazareno de Cuzco”
“Estos ojos de quien son, de quien son mis deseos de hoy, y este insomnio de quien es, Luzbelito pregunta una y otra vez.”
 Ay ay ay, mis deseos de hoy…”
 “La vida sin problemas es matar el tiempo a los bobo”
“¿Qué voy a hacer con tanto cielo para mi…?”
“Don’t worry, be happy”
“La culpa es un invento muy poco generoso”
“No siempre tengo una mujer hermosa en cada puerto, pero siempre busco un puerto en cada mujer…”
“prefiero bellezas sin tanto espamento”
“Si querés enamorarme, no me tomes en serio…”
“que hay noches muy sucias cuando uno anda herido…tengo la costumbre de romper los bolsillos, maldita costumbre de amanecer dormido…”
“labios de Judas en babydoll”
“si planeas abandonarme no me avises con tiempo…” rec: no me vayas avisando con tiempo…
“...voy gambeteando los espejos para no verte desnuda en cada rincón de esta canción”
“ y es que estas ganas de irse llegaron para quedarse…” (La oficina) jjajaj
“nos debemos ese antojo de aprender a bailar tango si es que en otra vida nos volvemos a olfatear.”
“…su anochecido pelo…”
“…dicen los más viejos del bar, primero hay que aprender a olvidar…”
"Dios es empleado en un mostrador, da para recibir ¿Quién me dará un crédito, mi señor? Solo sé sonreír...
"Necesito alguien que me emparche un poco y que limpie mi cabeza"
"Pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa 
Ay! si pudieras recordar sin rencor"
"Todavía su amor me da descargas (nunca tuvo el higo seco junto a mí). Pero a los ciegos no le gustan los sordos y un corazón no se endurece porque sí."
"Tu sonrisa se hizo el pan con dulce de mis mañanas.Todavía no sé nombrar este amor que me desarma"
"Yo daría un brazo por vos, pero a decir verdad, papá sabe ser muy tonto, mejor...dale la mano a mamá."
 "Mirá bien a los dos lados antes de cruzar la vida."




Hoy que llueve y la soledad como alimentando palomas.
Hoy que me derrotaron las ganas de vos.

Miro quieta, me quemo viva.